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Tantas neuronas que hay en el cerebro y las que usamos para las actividades habituales son tan poquitas… Tan solo un 10% de nuestra capacidad, dicen los expertos. Pero con el poder de la mente es posible desarrollar algo como esto: la capacidad para mover objetos.

Hace un tiempo, una amiga me comentaba que había visto (en vivo y en directo) practicar la telequinesia. ¡Y en su propia mano! Igual que tantas veces hemos sido testigos a través de la televisión de cómo doblaban una cuchara o hacían moverse a un objeto de pequeñas proporciones.

El vídeo sobre las capacidades de Nina Kulagina es de finales de los años 60. Y el lugar, la extinta Unión Soviética, donde nació esta mujer común y corriente que, contraviniendo lo que dicen algunos, no era miembro del KGB. A finales de la década siguiente Nina Kulagina sufrió un ataque cardíaco que le obligó a disminuir esta práctica de la telequinesis. Al parecer, su latido cardíaco era irregular, tenía una alta presión sanguínea y un sistema endocrino “alterado”. Todo esto se traducía en constantes dolores en sus brazos y piernas, falta de coordinación y vértigos. Los síntomas fueron el resultado del uso constante de sus actividades paranormales, supuestamente. Así que, por si acaso, yo no osaría poner en práctica uno de esos manuales donde te indican paso a paso cómo interactuar con la energía de los objetos.

En un anterior artículo abría el debate de las percepciones extrasensoriales, fenómenos de los que se encarga la parapsicología.
En parte, de esto nos habla la ciencia noética, una disciplina que intenta poner claridad a los entresijos de la mente (conciencia, alma o espíritu) en relación con el mundo que nos rodea.

Todos nos lo hemos planteado alguna vez, todos nos hemos preguntado si estaría en lo cierto Platón cuando decía que  el alma tiene entidad propia. Uno de los puntos clave donde se centra el debate de la ciencia noética es la existencia o no de un alma que vive independientemente del cuerpo después de la muerte. La postura noética es dualista, es decir, cree en una vida futura donde la conciencia subsiste aun sin cuerpo.
Defienden una existencia lógica de esa supervivencia y mantienen que es también una posibilidad empírica, pues consideran al cerebro un mero transmisor entre la mente y el cuerpo, no un ente inseparable de la mente.
Ya Hipócrates definió al cerebro como “un mensajero de la conciencia”. Sus defensores de los últimos tiempos han sido Schiller, Bergson y James.

Otro de los aspectos que preocupan a los científicos noéticos es la posible existencia de fraudes detrás de esas personas que aseguran tener poderes psíquicos excepcionales.
En muchos casos, sólo se trata de magos que engañan incluso a los propios científicos, pero ellos trabajan con ilusiones no con capacidades paranormales reales.

Los noéticos se muestran bastante escépticos respecto a las personas con capacidades psíquicas especiales. Sobre todo, hacen sus investigaciones con gente común y corriente. Así han llegado a la conclusión de que la telepatía es una facultad presente en todos y cada uno de nosotros, aunque se manifieste de forma inconsciente.