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No es un milagro de Fátima, no es misterioso y no es paranormal. Escapar de las leyes de la física no es imposible. Muchos puedan pensar que eso de la levitación que se ha ilustrado de forma tan espectacular en películas como “El exorcismo de Emily Rose” o “La niña del exorcista” sea cosa de fantasías. Para los menos escépticos, quizá tenga vinculación con lo que se entiende por paranormal: un hechizo, una posesión de Satanás, brujería, un mal de ojo…

Este fenómeno espiritual y místico de la meditación se remonta muy atrás en el tiempo.Todos tenemos plena consciencia de que a lo largo de la historia se han realizado exorcismos para liberar al levitante de lo que se creía una invasión del demonio.
Pero, como cantaba una postulante a Eurovisión el año pasado, todo está en tu mente. No es nada nuevo decir que hay ¿privilegiados? con un psiquismo tan bestial que pueden hacer levitar los objetos o que, mediante rituales hipnóticos, son capaces de mantener flotando a un cuerpo humano. Y todo desafiando la ley de la gravedad sin aparente fuerza física.

A los tres estados mentales fundamentales (vigilia, sueño y reposo) se añade el de la meditación, que requiere de mucha práctica para su desarrollo. Meditar sería algo así como la perfecta armonía entre cuerpo y mente. Es a través de esto como podemos alcanzar un estado de levitación, aunque “expertos” en el tema dicen que la habilidad puede presentarse de forma espontánea.

Está documentado que algunos yoguis, médiums y personas que practican Reiki han experimentado un estado parecido al de la levitación: el dominio de su ser por una fuerza superior. No obstante, la comunidad científica rechaza la “antigravedad” y califica todo esto de mera ilusión. Eso sí, reconoce la levitación cuando se producen ciertas interacciones de fuerzas físicas (eléctricas, magnéticas, acústicas…).

Sea como fuere, el poder de la mente es de un alcance desconocido. Lo difícil muchas veces es demostrarlo empíricamente, porque los misterios del mundo espiritual tienen razones que desbordan a la física.

En un anterior artículo abría el debate de las percepciones extrasensoriales, fenómenos de los que se encarga la parapsicología.
En parte, de esto nos habla la ciencia noética, una disciplina que intenta poner claridad a los entresijos de la mente (conciencia, alma o espíritu) en relación con el mundo que nos rodea.

Todos nos lo hemos planteado alguna vez, todos nos hemos preguntado si estaría en lo cierto Platón cuando decía que  el alma tiene entidad propia. Uno de los puntos clave donde se centra el debate de la ciencia noética es la existencia o no de un alma que vive independientemente del cuerpo después de la muerte. La postura noética es dualista, es decir, cree en una vida futura donde la conciencia subsiste aun sin cuerpo.
Defienden una existencia lógica de esa supervivencia y mantienen que es también una posibilidad empírica, pues consideran al cerebro un mero transmisor entre la mente y el cuerpo, no un ente inseparable de la mente.
Ya Hipócrates definió al cerebro como “un mensajero de la conciencia”. Sus defensores de los últimos tiempos han sido Schiller, Bergson y James.

Otro de los aspectos que preocupan a los científicos noéticos es la posible existencia de fraudes detrás de esas personas que aseguran tener poderes psíquicos excepcionales.
En muchos casos, sólo se trata de magos que engañan incluso a los propios científicos, pero ellos trabajan con ilusiones no con capacidades paranormales reales.

Los noéticos se muestran bastante escépticos respecto a las personas con capacidades psíquicas especiales. Sobre todo, hacen sus investigaciones con gente común y corriente. Así han llegado a la conclusión de que la telepatía es una facultad presente en todos y cada uno de nosotros, aunque se manifieste de forma inconsciente.