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Nuestras condiciones de vida han provocado un aislamiento que a su vez, ha generado otras formas de comunicación, y si bien, podríamos destacar su utilidad en cuanto a rapidez, pero curiosamente, ninguna de ellas involucra el contacto físico, como es el Teléfono, Correo Postal, y ahora el Internet: Messenger, correos electrónicos, Facebook, Hi5, etc.

En nuestro mundo moderno hay un sinnúmero de opciones para la comunicación: puedes llamar, faxear, enviar un e-mail, mandar un mensaje, tuitear, postear en facebook, chatear, etc. Casi en cualquier lugar y en cualquier momento puedes iniciar una sesión. Sin embargo, a pesar de nuestra capacidad de contacto constante, (o tal vez debido a ella), surgen sentimientos de aislamiento social.

El Pew Internet and American Life Project acaba de publicar los resultados de una encuesta realizada a más de 2.500 adultos estadounidenses, y que ha puesto de manifiesto que ni Internet ni los teléfonos móviles condicionan negativamente la vida social de los individuos, como hasta ahora se creía. Más bien al contrario, las TIC parecen más relacionadas con el aumento de la diversidad de las redes sociales y con el desarrollo de actividades sociales beneficiosas, señala el estudio.

Esta encuesta es la primera que examina el papel de Internet y de los teléfonos móviles en la forma en que la gente interactúa en las redes sociales, y sus resultados echan por tierra algunos de los temores más comunes acerca del impacto de las nuevas tecnologías en la sociedad.

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Trauma es definido como una lesión duradera producida por un agente mecánico, generalmente externo. Un choque emocional que produce un daño duradero en el inconsciente, que puede ser una impresión negativa, fuerte y duradera.

Ésta dislocación es una herida psíquica que sufren algunas personas como consecuencia de un suceso o conjunto de sucesos negativos en su vida, que les afecta de forma dramática causándoles dolor y angustia emocional.

Se conoce que el trauma en la niñez predispone a una variedad de trastornos psiquiátricos, incluyendo trastornos del estado de ánimo, ansiedad, alimenticios y trastornos de personalidad.

Estos sucesos negativos dejan huella en la persona que lo sufre. Modifican su personalidad y también afectan a su actitud y comportamientos futuros ante situaciones similares. Estas personas también tratan de evitar o huyen de esas situaciones como un mecanismo de defensa, al no haber sido capaces de asimilarlo psíquicamente ni de haberse adaptado a la nueva situación.

Se ha afirmado que el estrés postraumático puede representar “una de las más severas e incapacitantes formas de estrés humano conocido”, según lo afirma Everly, en su libro “Psychotraumatology: Key papers and core concepts in post-traumatic stress“.

En su acepción psicológica más amplia, es la ausencia de compañía. Propia del ser inteligente que es capaz de relacionarse como tal con sus semejantes y de experimentar, al carecer de alguien presente con quien comunicarse, el estado afectivo de sentirse solo. Es el resumen de las entradas anteriores. Pero tal situación puede darse de modo que prevalezca la impresión penosa de aislamiento y privación, que es la soledad negativa; o bien con predominio de posibles compensaciones, soledad positiva.

El hecho paradójico de la soledad actual, es la impresión de sentirse aislado disponiendo de múltiples recursos de comunicación. Es la antinomia que ha suscitado en nuestro tiempo la reflexión de no pocos pensadores. Es esta presente situación del hombre occidental en la era vertiginosa de la técnica, del bienestar y de la colectivización. La persona se encuentra habitualmente entre hechos que le absorben, quehaceres que le ofrecen poco beneficios, medios de satisfacer sus apetencias, personas copartícipes de sus empresas e intereses humanos y vitales.

Este hecho siempre fue conocido, sin llegar a constituir problema serio. Es natural en personas de edad, pero en los jovenes, tiene origen.

Sin embargo, existen unos factores que incitan esta enfermedad, como la depresión, tristeza, dolor en el alma, desilusión o algún padecimiento psiquiátrico como causas internas; mientras, en los factores externos, la queja más extendida en nuestros días, que afecta a todos, es la falta de tiempo. Expresiones del estilo: “no tengo suficiente tiempo”,”necesito más tiempo”, “el día debería tener 28 horas”, están a la orden del día, siendo éste el primer factor para comenzar la soledad. El compromiso que exigen las empresas impide que muchos trabajadores sean dueños de su tiempo, y lo lamentable, es que en el nombre del estatus y del dinero, cada vez más personas viven como si su ocupación fuera el centro de su existencia, descuidando las necesidades emocionales de sus familias.

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Soledad, según el Diccionario de la Real Academia Española es:

  • Una Carencia voluntaria o involuntaria de compañía.
  • Pesar y melancolía que se sienten por la ausencia, muerte o pérdida de alguien o de algo.

Las personas que hablan solamente con su familia, compañeros de trabajo y sus vecinos, es una soledad muy común en el mundo actual. Se sienten incapaces de contactar con un mínimo de confianza con quienes les rodean, se tiene miedo de que les hagan algo, o se les rechace. Se planta un muro a su alrededor, se encierran y viven en el vacío que ellos mismos crean y que justifican con planteamientos como “no me entienden”, “la gente sólo quiere hacerte daño”, “para lo único que les interesas es para sacarte algo”, “cada vez que confías en alguien, te llevas una puñalada”.

Si la soledad es deseada nada hay que objetar, aunque la situación entraña peligro, ya que el ser humano es social por naturaleza y una red de amigos con la que compartir aficiones, preocupaciones y anhelos, además,  es un cimiento difícilmente sustituible para asentar una vida feliz. Es una meta difícil, las estructuras y hábitos sociales de nuestra civilización frenan este empeño de hacer y mantener amistades, pero merece la pena empeñar lo mejor de cada uno de nosotros en el intento.

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