Estamos en un Año Santo, como cada vez que el día de Santiago el 25 de julio cae en domingo. Es un año especial para realizar el Camino de Santiago a través de cualquiera de sus rutas.

Desde el antiguo itinerario que llegaba de Francia a través de los Pirineos, a su paso por ciudades aragonesas como Jaca, Huesca o Zaragoza, hasta los caminos menos conocidos. Entre ellos la Ruta Mozárabe que nace en Córdoba y cruza la península para unirse a la Ruta de la Plata un poco más allá de Sevilla, camino a Extremadura.

En algunos tramos, el paisaje reina absolutamente dando al peregrino un entorno de paz para llevar a cabo su cometido. O es el escenario de un desafío físico que debe enfrentar para conseguir su objetivo: la Compostela.

Es muy conocida la leyenda que dio origen a la ruta allá por la Edad Media, en el siglo IX: el descubrimiento de una tumba que se atribuyó al Apóstol con más fe que rigor histórico.

Desde entonces millones de peregrinos han dejado su huella por los diferentes caminos que tiene España. A pie, a caballo, en bicicleta, haciéndolo íntegramente o a tramos cada año, hospedándose en albergues de peregrinos, en hoteles o en otros establecimientos… Lo importante, dicen, es la vivencia interior.

El objetivo de todos es llegar a la plaza del Obradoiro, frente a la catedral románica levantada en torno a la cripta donde descansan las presuntas reliquias del santo.

Un objetivo que algunos se plantean desde la fe religiosa, y para otros, es una razón más para lanzarse al camino con vocación viajera.

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