El contacto físico es fundamental para el desarrollo de nuestras emociones.
Se tienen amigos virtuales, se vive solo, haciendo que nos estemos volviendo menos táctiles con los demás. Pero el contacto físico es fundamental para nuestra salud, ya que las manos pueden ser sanadoras.

Bertrand Russell escribió: “No sólo nuestra geometría y nuestro físico, sino nuestra concepción completa de lo que existe fuera de nosotros, está basada en el sentido del tacto”.

Nos asusta cualquier tipo de contacto físico con extraños por temor a que pueda ser antihigiénico,  inapropiado, o violento.
Se puede demostrar que los efectos de no tener contacto físico pueden ser nefastos para nuestro bienestar, como individuos y como sociedad.

Un estudio realizado en 1997 sobre la cantidad de contacto y de agresión entre adolescentes, se observó el comportamiento de 40 de ellos en establecimientos de McDonald en París y Miami. Los resultados fueron que los adolescentes estadounidenses pasaban considerablemente menos tiempo acariciando, besando, abrazando y recostándose con sus acompañantes que los franceses.

Estos hallazgos son preocupantes, especialmente porque la investigación sugiere que una ausencia de contacto e interacción física durante la adolescencia puede resultar en comportamientos violentos más adelante en la vida. Estar privado del contacto físico parece conducir a una disminución de la norepinefrina y la serotonina, las cuales, junto con la dopamina, son neurotransmisores que influyen en el humor. Cuando caen los niveles de norepinefrina y serotonina, los niveles de dopamina se desinhiben, lo que conduce a comportamientos impulsivos, a menudo agresivos, asociados a los elevados niveles de dopamina.

Esta dependencia de la que venimos hablando, tiene un nombre en la literatura psicoanalítica, se llama apego, que es la capacidad de formar y mantener relaciones. Como el ser humano vive en comunidades y es interdependiente de los otros seres humanos, es importante que aprenda desde pequeño a establecer lazos con los otros, y para preservar la especie, éstos deben ser estrechos y estables.

La amenaza de pérdida del objeto al cual nos hallamos apegados, provoca ansiedad, angustia, temor. La primera relación de apego que desarrollamos luego de nacer, es aquella que se da con nuestra madre.

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