Fuera de lo normal estuvo aquella conferencia de los Yes Men en la que se hacían pasar por representantes de alto nivel de McDonald’s y en la que además aseguraban que los residuos orgánicos del Primer Mundo alimentarían a los países subdesarrollados.

Algo así nos parece descabellado y grotesco (menos mal que es una broma pesada…), pero resulta que hace unos días me he enterado de una noticia casi casi paranormal… En Estados Unidos, que no es precisamente lo que podríamos considerar Tercer Mundo en términos de desarrollo, se emplean residuos con fines alimentarios. Concretamente, residuos urbanos. Estos desechos se conducen en grandes camiones hasta los campos de cultivo y con ellos se ¿fertilizan? las tierras. En total, cuatro millones de toneladas de residuos sólidos de las cloacas se usan actualmente como fertilizantes ecológicos en las granjas estadounidenses.
En un reportaje reciente emitido en Documentos TV, de La 2, se decía que una sola aplicación de estos fertilizantes puede dañar lo que la Tierra tarda 3000 años en regenerar.

No es tema baladí…, porque resulta que el perjuicio es tanto para el ambiente como para el organismo del consumidor. La amalgama de productos tóxicos que antes se vertían a las aguas, hoy pasan por plantas purificadoras donde se separa el componente líquido del compost que luego va a actuar como fertilizante.  Los frutos resultantes de estos campos son dañinos, como es de esperar…, porque no hablamos sino de una dieta a base de ¡desechos!

¿Quién nos garantiza que ese compuesto está libre de sustancias cancerígenas? En Estados Unidos se han registrado numerosos casos donde se producían síntomas sospechosos, diversas enfermedades, envenenamientos e incluso muertes por la alta concentración de metales pesados en las zonas donde se habían empleado estos residuos sólidos en calidad de fertilizantes.

Ciertas marcas conocidas, como Carrefour o Bonduelle,  rechazan incluir este tipo de productos entre sus ofertas. Y países como Suiza o Francia se niegan a abrirle las puertas, pero no es así en el conjunto de la Unión Europea, donde no para todos se catalogan como nocivos. De hecho, sólo el Gobierno helvético ha prohibido totalmente su utilización. En el caso de Estados Unidos, está muy extendido su consumo, me temo, del mismo modo que está extendido el consumo de alimentos transgénicos…

Se debería investigar más sobre el origen de los productos habituales que tomamos. El consumidor está muy desinformado; así hoy en día, con todos los avances que tenemos, somos más propensos a padecer cualquier tipo de enfermedad. Uno es lo que come.

Sencillamente, ningún consumidor investiga de dónde procede todo lo que se lleva a la boca. Pero ahora la comunidad científica parece estar sobre aviso.

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