Hace un tiempo me llegó una de esas fastidiosas cadenas de Internet al correo. Ya iba a borrarla, como hago habitualmente, cuando me sorprendió la frase “no es un milagro, tú puedes curar el cáncer y otras enfermedades”.

A mí siempre me han parecido de otro mundo estas personas que aseguran tener poderes para curar, sobre todo por los timos y fraudes que rodean a su trayectoria “profesional”, pero no es menos cierto que en la naturaleza se encuentran los remedios a nuestras enfermedades. Por ejemplo, la flor digital es buena para el infarto en pequeñas dosis (y de ella se extraen medicamentos).

Pero una cosa es naturopatía y otra charlatanería. Sin embargo, Fray Romano, un sacerdote franciscano brasileño que trabaja en Belén, asegura curar distintos tipos de cáncer con productos de la misma naturaleza.
Ofrece una sencilla receta basada en sábila (aloe vera) que, al parecer, ha sido manifiestamente beneficiosa para muchas personas enfermas de cáncer. No ha funcionado en todos los casos, pero son muchos los agradecidos.

Lo cierto es que las actuales medicinas devienen de recetas ancestrales. No hablemos de capacidades especiales ni de curanderos mágicos, hablemos del poder de la Naturaleza.

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