Soledad, según el Diccionario de la Real Academia Española es:

  • Una Carencia voluntaria o involuntaria de compañía.
  • Pesar y melancolía que se sienten por la ausencia, muerte o pérdida de alguien o de algo.

Las personas que hablan solamente con su familia, compañeros de trabajo y sus vecinos, es una soledad muy común en el mundo actual. Se sienten incapaces de contactar con un mínimo de confianza con quienes les rodean, se tiene miedo de que les hagan algo, o se les rechace. Se planta un muro a su alrededor, se encierran y viven en el vacío que ellos mismos crean y que justifican con planteamientos como “no me entienden”, “la gente sólo quiere hacerte daño”, “para lo único que les interesas es para sacarte algo”, “cada vez que confías en alguien, te llevas una puñalada”.

Si la soledad es deseada nada hay que objetar, aunque la situación entraña peligro, ya que el ser humano es social por naturaleza y una red de amigos con la que compartir aficiones, preocupaciones y anhelos, además,  es un cimiento difícilmente sustituible para asentar una vida feliz. Es una meta difícil, las estructuras y hábitos sociales de nuestra civilización frenan este empeño de hacer y mantener amistades, pero merece la pena empeñar lo mejor de cada uno de nosotros en el intento.

La Soledad no deseada, puede convertirse en angustia, cuando se acostumbran a vivir solos con una apariencia de fortaleza, autosuficiencia, agresividad o timidez. Y todo, para esconder la inseguridad y el miedo a que no se les quiera o no se les respete.
Hay también otras soledades indeseadas, como en las que se ven abocadas personas mayores, amas de casa, o quienes muestran una orientación sexual no convencional, o  sufren ciertas enfermedades, incapacidades físicas o psicológicas o imperfecciones estéticas.

La segunda definición, hace referencia a cuando por separación en la pareja, fallecimiento de un ser querido u otra causa,  desaparece de nuestra vida alguien a quien se ha  amado o que ocupaba un espacio estelar en nuestra cotidianeidad, nos invade una particular sensación de soledad, un vacío, una nada enmudecida que nos sume en la tristeza y la desesperanza. Se ha de sobrellevar la dolorosa percepción de orfandad, de ausencia de una persona insustituible.
Esta soledad es dolorosa, pero puede convertirse en positiva si se interpreta como oportunidad para aprender a vivir el dolor sin quedarse bloqueados. Y  generar recursos y habilidades para continuar transitando satisfactoriamente por la vida.

Young definió a la soledad como la ausencia o percepción de ausencia de relaciones sociales satisfactorias.

Peplau & Perlman definen a la soledad como una respuesta a la discrepancia entre las relaciones interpersonales deseadas y las existentes.

La soledad ha sido relacionada con temas tan importantes como trastornos psiquiátricos, entre los cuales están la depresión, ansiedad, alcoholismo y suicidio. También se relaciona con variables cognitivas, entre las que se pueden mencionar “estilo atribucional”, “auto-conciencia”, “expectativas”; asimismo, se encuentran vinculados a la soledad las “habilidades sociales”, como la “auto-revelación”, “atención personal” y “hostilidad”, entre otras.
Weiss en 1973 propuso una tipología para la soledad. El plantea que existen dos tipos distintos de soledad:
1. La soledad emocional
2.  La soledad social.

La primera consiste en la falta de una relación intensa o relativamente perdurable con otra persona. Por ejemplo, en personas recientemente divorciadas o viudas, etc., estas relaciones pueden ser de tipo romántico o relaciones personales que generen sentimientos de afecto y seguridad.

La soledad social involucra la no-pertenencia a un grupo o red social, y pueden tratarse de un grupo de amigos que participen juntos en actividades sociales o de cualquier grupo que proporcione un sentido de pertenencia, basado en el compartir preocupaciones, trabajo y otra actividad.

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